El balanceo entre la realidad y la jocosidad.
Autor: León Padrón Azcuy.
La vida en la isla se balancea bajo una proverbial jocosidad que caracteriza a la mayoría de sus habitantes. Sin este atributo, mucho más difícil hubiera sido para los insulares sobrevivir durante este larguísimo periodo bajo un régimen totalitario.
Por suerte, la pobreza de los cubanos nunca será tan nefasta. Ya que un cubano, más que una persona, es una sonrisa, un baile, un escándalo o una canción. Los cubanos realmente forman un pueblo fantástico al que no le importa que lo critiquen, ni que digan que son intolerantes o que no se puede hablar con ellos. Inobjetablemente nuestro pueblo es una nación noble y alegre.
Desde hace más de cincuenta años es el pueblo más noble del mundo. Fíjense que, son los únicos caribeños que durante su adolescencia se entretuvieron viendo muñequitos rusos sin protestar. ¿Quieren ustedes quijotismo más grande que ese?
Mucha gente en el mundo tal vez no lo sepa, pero ver los muñequitos rusos fue para los cubanos el remedio perfecto para la búsqueda de tranquilidad y paz interior. Aquella niña rusa, ¿se acuerdan? Machenka, aquella que iba detrás del oso que quería comerse la miel de los paneles de abeja y ella escondida siempre en la mochila del osito salía y le decía: “oso no seas troglodita”.
Detrás de esa niña, se disimulaba un funesto mensaje. Fue la primera figurita que le enseñó al cubano que se podía tener hambre, pero comer no está permitido. Como aquel oso, los niñitos cubanos y otros no tan niñitos, se fueron acostumbrando a restringir el hambre, a ver las cosas y no desearlas. ¿Eso no es nobleza?
Los cubanos fuimos los primeros en decirle a un presidente: “esta es tu casa Fidel” era como un sarcasmo, no como un saludo de bienvenida, porque somos también jaraneros. El caudillo se cogió todas las casas. Después se cogió, además de las casas, las fábricas, las heladerías, los centros comerciales, teatros, bancos, puertos, y todo lo que quiso.
Otra hermosa particularidad de mi pueblo es no ser egoísta, sino compartidor.
Recuerdo que cada mes nos citaban a la Plaza de la Revolución y allí nos decían: “somos un pueblo noble e internacionalista, por tanto debemos compartir con nuestros hermanos sudamericanos por ejemplo: nuestra sangre”. Ahí iba todo el mundo corriendo a donar sangre. Al otro mes nos volvían a reunir allí y nos volvían a decir: “nuestros hermanos latinoamericanos necesitan, azúcar o arroz”, todos nos mirábamos diciendo, “caramba pero si a mí no me alcanza”, pero nuestra hidalguía no nos permite decir que no. Todos los isleños decían… “claro, démosles el arroz y la azúcar”.
Nos gusta regalarlo todo, somos muy botarates, la mayoría piensa y dice: “hasta la victoria siempre Comandante”. Así pasó después con los hospitales, médicos, enfermeras, centrales azucareros, hoteles, playas, centros turísticos y hasta mártires, que dieron su vida en las caprichosas guerras de África y otras partes del mundo.
El pueblo cubano además de noble es dúctil, se adapta rápidamente a todo. Antes de 1959 teníamos una economía solida. Nuestra moneda estaba equiparada al dólar, era un dinero robusto. Hoy, en cambio, trabajan para cobrar en pesos que no les sirven para comprar los productos de primera necesidad, cuya venta es en una moneda que se inventaron libremente convertible y que no las adquieren con su trabajo, sino a costa de los familiares en el extranjero que les envían los dólares y el Gobierno se los cambia “gentilmente” por CUC. Nada, que ya nos adaptamos.
También, antes de ese mismo año, teníamos los mejores autos, los de último modelo. Y fuimos poco a poco cambiándolos por ladas, polskis y moskovichs, hasta llegar a las bicicletas, porque somos de esos pueblos que a todo le vemos el lado bueno. Las bicicletas pesaban enormemente, pero no nos importaba. Eso era bueno para los músculos, creímos que éramos vietnamitas o chinos.
Siempre vamos un paso adelantado en todo. Tal es así, que el mundo entró desde hace algún tiempito en una terrible crisis económica, nosotros ya llevamos más de cincuenta años en crisis. Vaya, como para que los demás sepan que somos únicos y especiales.
Se han inventados autos que navegan por el mar, nosotros hace ya mucho tiempo que tenemos no solo autos, sino hasta camiones que ponen proa mal adentro trasportando emigrantes que huyen del sistema.
Cuando nadie pensaba en comida orgánica ya nuestros estómagos asimilaban alimentos de este tipo: el yogur de soya, el cerelac, el picadillo de soya, bistec de cascara de toronja y un montón mas. Hasta una maestra de cocina: Nixa Villapol, cada domingo a través de la televisión daba nuevas recetas para experimentar en el hogar. Sus inventos iban desde cómo hacer el sofrito con agua, hasta confeccionar galletas, pan, o pasteles sin grasa, toda una novedad.
Finalmente, Cuba es unos de los pueblos que más sabe escuchar. Los cubanos podemos atender un discurso de diez horas y no irnos. Por suerte, desde hace ya algún tiempo se perdieron esos discursos. Toca ahora recuperar la libertad que nos quitaron, claro, sin perder esa increíble nobleza que nos caracteriza.
