EL CAMINO AL DESASTRE NO ESTA OLVIDADO
León Padrón Azcuy, la Habana martes, 7 de agosto de 2012
Luego del estridente derrumbe del comunismo en Europa, el régimen cubano ha intentado aparentar estar más cerca de los asuntos nacionales. Diluyendo de cierta forma su perversa costumbre al culto a lo extranjero. Pero sin renunciar de ninguna manera a la doctrina que impuso a la nación cubana, importada de la Unión Soviética.
Aun hoy sin Fidel Castro al frente del país, ni la nueva dictadura logra desembarazarse de los lazos que en el pasado puso a la nación a merced del imperio soviético. De tal manera que el caminito a Moscú no se ha olvidado. Recordemos que recientemente el nuevo monarca visitó la Rusia del “Zar” Vladimir Putin, entre otras cosas, para abordar el incremento de la cooperación militar entre los dos aliados.
La fuerte “amistad” entre ambos regímenes data de los primeros años de la revolución. Un romance que empezaría a tejer los amarres del totalitarismo en abril del año 63 con la primera visita de Fidel Castro por invitación de Jruschov a la desaparecida Unión Soviética.
El ex dictador cubano, más que de las ideas de Lenin, a quien proclamó como guía y mentor de la nación, rápidamente se enamoró de los métodos del bolchevique para mantenerse en el poder. Métodos que rigieron cerca de 70 años el país de los Soviet. Y 53 a la nación cubana, a la que Fidel entrego en bandeja, para asegurase la ayuda económica y militar de Moscú.
A bordo del avión ruso que lo llevaba en aquel entonces, declaró a una agencia rusa; “A medida que nos avecinamos a la tierra soviética me siento cada vez más emocionado. La emoción se apodera de todos nosotros. Todos los cubanos estamos viviendo minutos inolvidables y particularmente yo que, por primera vez, tengo la oportunidad de visitar la URSS, de conocer al pueblo soviético y sus grandes realizaciones… A medida que nos acercamos a la Unión Soviética yo siento lo fuertes e indestructibles que son los lazos que unen a nuestros dos países. Estos lazos son cada vez más fuertes y verdaderamente fraternales”.
Con estas declaraciones, Castro había definido parte de la estrategia para la total y definitiva importación de la ideología totalitaria que implantó en la isla. Desde entonces, comenzaría un proceso revisionista que primeramente desplazaría a un segundo plano, al Apóstol de la independencia de Cuba José Martí, a quien en su lugar se colocó a Vladimir Ilich Lenin.
Para que se tenga una idea de lo anterior, miremos la filatelia cubana y descubriremos el desprecio por el patriotismo nacional. Sabiendo que los sellos de correos sirven para conocer el derrotero de un país, el mensaje que se quiere difundir en la población y las figuras que merecen el recuerdo y la gratitud nacional. Pues bien vea usted; y solo por citar algunos ejemplos, que en 1970, ya con una gran dependencia de los soviets, y conmemorándose el centenario del natalicio de Lenin, el régimen cubano elevó el Culto a esta extranjeriza figura hasta los cielos: en esos momentos, se hizo circular una serie de siete gigantescos sellos dedicados al líder ruso, con cuadros consagrados a citas de sus obras y momentos de sus vida. Jamás en la historia de Cuba se había hecho sellos tan lujosos.
Por otro lado en 1974 con motivo de la vista de Leonid Brezhnev a Cuba, se presentó un sello con Martí al lado de Lenin, como si el Apóstol y el, fueran iguales. De nuevo en 1977, 1982, 1984, 1985, Cuba le dedicaría sellos a Lenin.
Pero la desvergüenza de la tiranía castrista, en su afán de matar por segunda vez a Martí, vendría para el centenario de su muerte. Para la ocasión se hizo una pobre y desteñida serie de solo cinco sellos: el Manifiesto de Montecristi, el desembarco de Cajobabo, la Mejorana, Dos Ríos y el Mausoleo de Santa Ifigenia. Un homenaje a medias, inferior al del Lenin.
Por suerte este modelo de hombre que impuso Fidel Castro a la sociedad cubana se vino abajo cuando años después el General y biógrafo Dimitri Volcogonov, en su investigación para su libro sobre la vida de Lenin lo catalogara el padre del terror soviético y un alevoso asesino. Patético historial ocultado durante muchos años por el partido comunista de la URSS.
Recientemente Raúl Castro siguió los pasos de su hermano. Primeramente fue por China y Vietnam averiguando sobre los remedios capitalistas para el maltrecho socialismo. Y posteriormente, tal vez con el sabor del Vodka deslizándose por la garganta, se entrevistó con la nueva jerarquía Rusa, empeñados en recobrar el poderío militar de la guerra fría del pasado. De tal encuentro muchos especulan que ambas partes hablaron sobre cooperación militar venta de armas y hasta la posible recuperación de la base de espionaje electrónico de Lourdes u otra similar.
Estos eventos debieran alarmarnos. Mucho le ha costado a Cuba, y le cuesta que desde 1959 sus gobernantes de puro carácter inepto e imitativo se entregaran a una doctrina extraña a sus necesidades, a su tradición y a su cultura para perpetuarse en el poder, y pagar con la felicidad del país el capricho de mandarse a hacer un alma afuera, como se hacen los trajes y el calzado.